Por qué ser generoso es bueno para tu salud, según la ciencia

Un estudio revela todas las ventajas que tiene derrochar generosidad con las personas que necesitan nuestra ayuda, ya que ser generoso solo tiene ventajas tanto para la sociedad como para nuestros cerebros. Te contamos por qué ser generoso te dará buena salud.

Sabemos que es necesario ser generoso para conseguir que nuestra sociedad sea más igualitaria y justa. Además necesitamos los unos de los otros para sobrevivir, y para lograr que un día vivamos en un estado de bienestar, pero la sociedad no es la única que se beneficia de nuestra generosidad. Nosotros mismos obtenemos grandes frutos en nuestra salud al ser generosos. Y es que un reciente estudio ha identificado cómo los diferentes tipos de generosidad afectan a nuestro cerebro, ya que podemos distinguir dos tipos diferentes de generosidad.

La generosidad puede ser ‘dirigida’ o ‘no focalizada’. La generosidad no focalizadaes la bondad que ejercemos cuando hacemos donaciones a organizaciones benéficas o actuamos generosamente hacia grupos impersonales. En cambio, la generosidad dirigida o focalizada viene centrada en aquellas personas que necesitan ayuda, porque los conocemos personalmente o no, pero son personas particulares dentro de la multitud.

Los investigadores realizaron este estudio para ver en qué grado y cómo afectan estos tipos diferentes de generosidad. Así, instaron a 45 participantes a realizar una tarea que les otorgaría boletos para participar en una rifa de 200 dólares.

Cada vez que terminaban la tarea, les explicaban que si ganaban, el dinero de la rifa sería destinado para tres causas diferentes: para alguien que personalmente sabían que lo necesitaba, para una organización benéfica o para ellos mismos.

Sus cerebros fueron escaneados por resonancia magnética funcional y los resultados fueron que tanto la generosidad dirigida como la no dirigida aumentaron la actividad en las dos áreas del cerebro relacionadas con el altruismo, el área septal y el cuerpo estriado ventral, los cuales también están vinculados a padres que cuidan a sus crías en humanos y otros mamíferos, según informa Forbes.

El cuerpo estriado ventral forma parte del ‘sistema de recompensa’ del cerebro, que es primordial para aprender y amar, junto con las compulsiones y adicciones (estas son sus piezas más perjudiciales).

Este resultado era el esperado, pero algo que sorprendió en la investigación es que la generosidad dirigida disminuyó la actividad en la amígdala, el epicentro del cerebro de la emoción que inicia la respuesta de lucha o huida.

El aumento de actividad de esta amígdala tiene que ver con los trastornos de ansiedad. Dicho de otra manera, la generosidad dirigida disminuía la actividad de la amígdala que se activa en gran medida con la ansiedad.

Poco después se realizó un segundo experimento con 380 personas en el que los participantes hablaban de sus generosos hábitos de donación, en el que se corroboraron estos resultados:

Los participantes en los que su generosidad estaba focalizada en una persona concreta mostraron una disminución de la actividad de la amígdala (la amígdala que tiene que ver con los trastornos de ansiedad), y aquellos cuya generosidad no había sido focalizada no tuvieron este resultado.

Disminución de la ansiedad y sentimiento de felicidad

Así, se puede afirmar que la generosidad dirigida tiene tanto efectos de altruismo como de disminución de la ansiedad, es decir, se obtienen mejores resultados para nuestra salud cuando sabemos específicamente cómo se va a ayudar a una persona en concreto.

Los investigadores han afirmado que “brindar apoyo específico a un individuo identificable que lo necesita se asocia de forma única con la actividad reducida de la amígdala, lo que contribuye a la comprensión de cómo y cuándo brindar apoyo puede conducir a la salud”.

Es decir, los actos generosos hacen que se ponga en marcha la actividad en áreas del cerebro que están relacionadas con la toma de decisiones y la búsqueda de recompensas.

Gracias a este estudio se ha demostrado que aunque ser generoso implique realizar una sacrificio importante para ello, se obtienen igualmente mayores sentimientos de felicidad, como demuestran las correlaciones neuronales.

Por tanto se puede afirmar que al actuar con generosidad nuestros cerebros adquieren una mejor salud mental, con lo cual ser generoso solo nos trae beneficios, tanto a nuestra salud como a las personas de nuestro alrededor a las que ayudamos de forma altruista.

Escrito por Alicia Ruiz Fernández

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *