La forma en que interpretamos la realidad a través de nuestros sentidos puede decir mucho más de nosotros de lo que sospechamos. Y así es cómo puede ayudar a las empresas.

Permítamonos ponernos filosóficos por un segundo. O, si lo prefieren, tocar esa intersección que une la psicología con el relativismo. Y, también, su aplicación en lo que nos ocupa: los negocios. ¿Acaso somos capaces de percibir el mundo exterior como realmente es? ¿Cómo afectan nuestros valores, creencias y prejuicios a nuestra forma de ver lo que sucede a nuestro alrededor? Además, ¿cómo podemos usar esos filtros para pensar y actuar de forma más efectiva en el ámbito profesional?

Todas estas reflexiones forman la columna vertebral de la programación neurolingüística, un conjunto de modelos, habilidades y herramientas que nos permiten analizar cómo se organiza lo que se percibe y cómo se filtra el mundo exterior mediante los sentidos. Aquel que domine estas técnicas será capaz de controlar mejor las conductas propias y ajenas, tomando un liderazgo más motivacional y carismático y gestionando los equipos de trabajo mediante rutas mentales que eviten altibajos emocionales en el grupo.

La importancia de los sentidos

“La realidad es única, personal e intransferible. Cada persona recoge, guarda, clasifica y sistematiza la información percibida de dicha realidad de manera diferente”, afirman desde la escuela de negocios CEREM. “Las cosas no son como las percibimos excepto para nosotros mismos: dos personas que ven un objeto pueden no estar viendo lo mismo, ya que cada una de ellas lo interpretará de forma diferente y generará su propia copia“. Por ello, los sistemas representacionales se clasifican en visual, auditivo y kinestésico. “Todas las personas tienen representaciones en los tres sistemas aunque uno de ellos sea predominante”.

¿Qué significa la predominancia de un sentido sobre otro? Según los expertos nos puede dar pistas sobre la personalidad y necesidades emocionales del sujeto. Por ejemplo, aquellos que priorizan su sistema visual son gente que necesita ser miradas cuando les estamos hablando o cuando ellos lo hacen para sentirse aceptados y que se les presta atención. Suelen tener una forma de hablar más rápida y en volumen más alto. Su pensamiento y sus recuerdos se basan en imágenes y en muchas cosas a la vez, con lo que a veces les cuesta concluir una idea y pasan de un proceso a otro de forma inconstante.

Por el contrario, aquellos que tienen su fuerza en el sistema auditivo son personas que requieren de una aprobación sonora a sus mensajes (aunque sea un simple ‘um’ o ‘aha’). Suelen pensar de manera secuencial, por lo que hasta que no terminan una idea no pasan a otra y presentan dificultades de colaboración con las personas más visuales (profundidad ‘vs’ velocidad de razonamiento).

Y, por último, nos encontramos con personas en las que el sistema kinestésico es el preponderante. “Son personas con alta capacidad de concentración. Son las que más contacto físico necesitan (como darse palmaditas en la espalda…), sus recuerdos y pensamientos los conducen a través de las sensaciones y suelen usar con frecuencia expresiones del tipo ‘me siento bien/mal’ o ‘se me puso la piel de gallina’“, añaden desde CEREM Business School.

Los filtros y metaprogramas

Llegamos al punto clave, cuando pasamos la realidad por el tamiz de nuestro propio conjunto de filtros, formados a su vez por creencias y valores (también conocidos como metaprogramas). “Todas las personas trabajan sobre unos filtros que dirigen los modelos de comportamiento, gobiernan su conducta y sirven de modelo acerca de lo que piensan“, afirman los expertos. “Uno de los errores más frecuentes al relacionarse con los demás es creer que todos vemos el mundo de la misma manera y que compartimos la misma forma de pensar”.

En ese sentido, los metaprogramas son los filtros (programas) responsables de determinar la forma en que percibimos las cosas. Las personas que emplean los mismos patrones lingüísticos tienden a mostrar los mismos comportamientos. Observándolos podemos elegir palabras que tengan la mayor influencia sobre ellas. “Los metaprogramas conforman los bloques básicos de nuestra personalidad, son estrategias fijadas en nosotros que cambian con el tiempo, las personas y el contexto”, añaden desde la escuela de negocios.

Y, como decíamos, conocer estos metaprogramas, saber qué tipo de sentido es preponderante y cuáles son los filtros de la realidad que aplica cada individuo puede servir, en el ámbito profesional, para que el líder pueda ajustar sus mensajes de forma individualizada para lograr el mayor impacto o, simplemente, para evitar ‘choques de trenes’ entre personas que se encuentren en polos opuestos en su percepción del mundo que les rodea.

Escrito por Alberto Iglesias Fraga