Tu oficina es tu casa, y eso tiene sus ventajas y desventajas, pero hoy nos centraremos en pensar en cómo debe ser ese rincón desde donde puedas escribir, diseñar, programar…, en un ambiente idóneo. Cuidar aspectos como el color de las paredes es importante.

Transformar una habitación en un despacho es necesario. No trabajaremos igual en una estancia donde haya una cama porque cansancio o el aburrimiento puede incitar a que nos tumbemos. Una buena mesa, una silla confortable y una decoración sencilla y práctica será suficiente.

 

Silencio y acción

  • Silencio, por favor. Estoy trabajando.Siempre y cuando sea posible, acondicionaremos una habitación que esté lo más alejada de donde más ruidos se produzcan.
  • Cambiar de lugar no es aconsejable. Como cuando estudiábamos, intenta que esa habitación de trabajo sea sagrada. Y sólo allí se trabajará. Es importante mantener ese hábito. Asociar el lugar a trabajo.
  • Orden y limpieza. Un espacio con papeles desordenados, con polvo o restos de comida, además de poco higiénico o estético, puede empujar a que la productividad aparezca en números rojos.

Querida familia, si trabajo en casa no estoy

Quizás la parte más sencilla sea la de encontrar un espacio en la casa y mantener el orden. Lo realmente complicado es hacer entender a la gente que convive contigo de algo sencillo: estás en casa pero trabajando.

En “Una madre imperfecta”, Susan Sarandon representa a esa madre que trata de “ayudar” a su hija, que trabaja en casa interrumpiendo cada dos por tres, ¿os resulta familiar?

Mantener una charla donde dejemos claro que dentro de un horario no pueden molestar porque eso sería como si irrumpieran en una empresa para preguntar si hemos hecho la compra, es lo importante y lo más complejo.

Un artículo escrito por Joana Sanchez