Uno de los principales motivos por los cuales muchos profesionales y empleados se ven inducidos a la cultura del presentismo es mejorar sus posibilidades de ascenso. Hacer vida social en la oficina, o más profesionalmente llamado networking, y estar accesibles para otros empleados que puedan necesitar una consulta, ayuda nuestras posibilidades de ascenso. Al menos esto es lo que opina Jack Welch, uno de los gurús del management, que piensa que el teletrabajo realmente reduce las posibilidades de ascenso de los empleados.

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Y esto independientemente de la productividad que luego se pueda conseguir trabajando desde casa. No se habla aquí de premiar la carrera profesional del más eficiente, sino de aquel que tiene otros valores, relacionados con aspectos sociales, mano izquierda con compañeros y responsables, etc. Otros aspectos que no están directamente relacionados con sus funciones actuales, pero que si pueden ser necesarios para un puesto superior.

El teletrabajo hace que medir estos parámetros sea algo más complicado. De todas formas tenemos que tener en cuenta que existen muchas modalidades y el trabajador que no pasa nunca por la oficina es más escaso, al menos en nuestro país, donde el teletrabajo se entiende como una oportunidad para la conciliación de la vida personal y laboral. No significa que no se pase por la oficina, sino que algunos días simplemente se trabaja desde casa o se realiza parte del horario desde dicho lugar.

Pero la presencia en la oficina, las conversaciones de pasillo, salir a comer con los compañeros o estar disponible siempre para el jefe finalmente pueden decantar la balanza a la hora de elegir a un empleado para su promoción. No siempre pesa la eficacia en las labores que se desempeñan, sino que se tienen en cuenta las que deberá realizar en el futuro. Tampoco existe en muchas organizaciones una medida exacta de la productividad que se logra, ni en la oficina ni fuera de ella y las horas realizadas siguen siendo el mejor indicador.

Si a esto le sumamos una mayor cercanía del trabajador que el jefe sólo tiene que levantar la cabeza para verlo. Además muchos piensan que esto supone también un mayor compromiso del trabajador, aunque realmente esté consultando sus redes sociales. De esta manera se hace muy complicado que a la hora de tomar la decisión se apueste por el trabajador remoto.

Un artículo escrito por Carlos Roberto